miércoles, 10 de abril de 2013

ESCRACHES

De repente, los escraches se han convertido en uno de los principales problemas de España. Casi al mismo nivel que el desempleo, la crisis y la corrupción. Suele ocurrir cuando los 'rodeados' son gente gorda, próceres con acceso a los medios de comunicación, tipos que cuentan con altavoces para que sus vicisitudes sean cuestión nacional. Si el escrache lo sufriese un mindundi, un piernas, bulto en la cola del paro, el asunto pasaría desapercibido. Como han pasado, y pasan, escraches de otra ralea que suceden a diario. Porque hay escraches físicos y ruidosos y escraches silenciosos y morales, de esos que no se ven ni se palpan pero que son dañinos, muy dañinos. Una muestra: en muchos pueblos los partidos de izquierda no consiguen presentar listas porque los vecinos temen represalias. Y el temor suele ser fundado. La experiencia también dice que quienes, por el contrario, se arriman al árbol del cacique obtienen ventajas  de todo tipo. Que se lo pregunten al gallego Baltar. Por aquí, aunque menos descarados, también abundan los ejemplos. El escrache moral anida, asimismo, en las empresas. O tragas o a la calle. Y aparece en las cláusulas leoninas de los contratos, de las hipotecas, de las compra-ventas donde Quien Manda hace y deshace bajo presión, bajo SU presión. Pero estos no cometen escrache, no; delinquen ante notario con todas las bendiciones legales. Si protestan los robados, los desahuciados, incurren en escrache intolerable. Si callan y cobran los robadores, los beneficiados, la vida sigue igual, bendecida por el Estado de Derecho. ¿O no es escrache moral lo de Merkel, lo del FMI? Desde las mentes bien pensantes y de orden se alzan voces contra el escrache. Alcémoslas todos, pero contra cualquier tipo de escrache, incluido el que ejercen desde siempre sin demasiado rubvor los que ahora se lamentan cuando las quejas de los machacados rodean sus domicilios.


LUIS MIGUEL DE DIOS

domingo, 17 de marzo de 2013

ESA TERCA REALIDAD

 


Desde mi tierna infancia, mi padre me advirtió que a lo largo de la vida me encontraría muchos tipos de personas, él me destacaba que había, entre todas ellas, dos que surgían como consecuencia de enfrentarnos con la realidad cotidiana, la de cada día.
Si entendemos por realidad, me decía, todo aquello que sucede a nuestro alrededor. Ese conjunto de cosas, pequeñas y grandes, que nos rodean y conforman nuestra vida y mediatizan nuestras relaciones con los demás y el entorno. Toda esa realidad puede que en determinados momentos no sea del todo de nuestro agrado, es en ese momento cuando nacen esos dos tipos de personas de los que me hablaba. Habrá muchos más, me decía, tantos como individuos, pero en líneas generales los podemos agrupar en dos grandes grupos. Él los llamaba: los soñadores y los ilusionistas.
Los primeros reconocen que la realidad que les rodea no les gusta y luchan por cambiarla, para ello sueñan otra y se esfuerzan de forma sincera y emplean todas sus fuerzas para cambiar eso que no resulta de su agrado o conveniente para la mayoría, ellos mismos incluidos.
Por otro lado están los ilusionistas, que reconociendo que la realidad que les rodea no es del todo buena, hacen todo lo posible por disimularla pero sin cambiarla. Se esfuerzan por hacer creer a la mayoría, en la que no se incluyen, que están haciendo todo lo posible por cambiar el orden de las cosas y de los acontecimientos. Saben que únicamente están realizando un ejercicio de prestidigitación, hacen creer a los demás que todo está cambiando o que todo va a cambiar pero todo sigue y seguirá igual.
Siempre me dijo que todos en la vida tenemos el momento en el que debemos elegir uno u otro grupo. Ser de los primeros requería, según él, grandes dosis de ánimo, una enorme fortaleza pues se trataba de un esfuerzo sin fin, sería una tarea que muy probablemente duraría toda mi existencia pero que la satisfacción que sentiría por cualquier cambio o mejora, por pequeño que fuera, me produciría una satisfacción indescriptible.
Ser de los segundos era cuestión, según él, de fingir posturas, sentimientos. Aprender a engañar, a hacer todo lo contrario de lo que se decía haber hecho. No ir de frente con los demás para dar el perfil adecuado. Dirigir a la masa por los caminos que más les convienen sin que la masa adivine siquiera que son los más perjudiciales para ella. Si se llega a dominar esa habilidad los beneficios materiales serían notabilísimos y llegaría a poseer todo lo que de material ansiara.
Los primeros, los soñadores, jamás llegan a ejercer el poder; los segundos, los ilusionistas jamás le abandonan. El resto, la masa, se limita a seguir unos u otros caminos que les son señalados. Pero al final queda, según él, esa terca realidad que nos demuestra cuál de los caminos que nos han sido propuestos era más acertado. Ahí es donde podré diferenciar sin ningún género de dudas a los soñadores de los ilusionistas.
Nunca, aseveraba, debes permanecer formando parte de la masa informe, dejándote llevar por los que tratan de dirigirla. Aunque te equivoques, me insistía, debes tomar siempre que puedas tus propias decisiones.
Viene esto a colación por los años que nos han tocado en suerte vivir. Asisto a diario, con cierta perplejidad, a lo que nos dicen de muy variadas formas. Escucho con atención sus mensajes, trato incluso de leer entre líneas, cosa también recomendable que aprendí con los años, pero no consigo ver una sola coincidencia entre lo que me dicen y lo que veo. Vivo entre gente, comparto sus problemas, me fijo con atención en el día a día, el suyo y el de todos, pero no veo coincidencias entre lo que escucho y lo que sucede. Esa terca realidad, de la que hablaba mi padre, demuestra bien a las claras que los caminos por los que transitamos no nos acercan a una realidad mejor. La masa asiste sumisa y dócil a las indicaciones de los que dirigen la marcha. Pero veo con claridad meridiana en sus comportamientos más detalles de ilusionistas que de soñadores y eso me hace desconfiar. Me duelen los que van quedando en el camino, como consecuencia de nuestro caminar por estas veredas tan poco humanas con las personas. Me rebelo en la medida de mis posibilidades y sueño con una realidad mejor. Trato de soñar para intentar hacer algo diferente a lo que hasta ahora hemos hecho. Caminamos perdidos, vamos hacia un incierto porvenir.
Por eso, casi a diario intento señalar, a quien quiera escucharme, que se fije en esa terca realidad, que compare lo que escucha con lo que vive y siente. Que la ruta que llevamos, caminos de dolor, no nos lleva a ese mañana mejor. No sirven siquiera los plazos, pues para muchos será demasiado tarde o tal vez sea demasiado tiempo de espera. Pero si los ilusionistas tienen éxito es debido entre otras cosas a la credulidad de la masa. Es por lo que tienen tanta importancia los cambios de rumbo por pequeños que sean.
El tiempo ha pasado, ya no soy un tierno infante y siempre he tenido el firme convencimiento de que mi padre había elegido el camino de los soñadores cosa que ahora puedo comprobar. En cuanto a mí, cuando veo lo que a diario me ofrece esta terca realidad, distingo mejor a los ilusionistas y trato de apartarles de mi vida, procuro seguir el camino que muestran los soñadores, pues nada que no se haya soñado puede realizarse, aunque me suponga renunciar a ciertas materialidades. La satisfacción que siento cuando compruebo que algo ha cambiado, tengo que dar la razón a mi padre, resulta indescriptible.

Fabio López

miércoles, 20 de febrero de 2013

LA PALABRA



Son las palabras uno de los medios que tienen los humanos para comunicarse entre sí. Ideas, sentimientos, sensaciones, en cada momento lo que ocupa y preocupa su  entendimiento, encuentran camino para llegar de un humano a otro mediante la palabra.
Cuentan, que a los humanos que moraban en las cavernas, no les resultaba suficiente con sus ruidos guturales para hacerse entender y por ello comenzaron a pintar en las paredes. Pero parece ser que a veces, no quedaba del todo claro lo que querían decirse unos a otros, o a los dioses cuando hablaban directamente con ellos, y por eso nació la palabra. Desde entonces comenzaron a llamar a las cosas por su nombre, el que iban dando según su entender, y así, el pan fue pan y el vino, vino.
Pero a las palabras se las lleva el viento, y gracias a eso, vinieron desde otros lugares y otras culturas. Se extendieron por toda la geografía terrestre, fueron y llegaron de Grecia, de Roma, de América,… y arraigaron, crecieron y dieron sus frutos.
Desde mi tierna infancia me he sentido atraído por las palabras y el diccionario es un refugio al que regreso con cierta frecuencia. Abro sus páginas al azar y comienzo una aventura, que nunca sé dónde me va a llevar con exactitud. Una palabra me lleva a otra y ésta a otra y así sucesivamente; de una derivada a un sinónimo o un antónimo; me dejo arrastrar por lo que las palabras me dicen y por mi curiosidad.
Me gustaría ser una especie de sabio de la etimología, no por abrumar con mis conocimientos, si no por sentir saciada mi sed de saber de las palabras. Descubrir el arcano absoluto de ellas.
Además del diccionario, los hispanohablantes tenemos dos libros a los que podemos regresar cuantas veces queramos a lo largo de nuestra vida: “El Quijote” y “La Biblia”. Es incluso recomendable hacerlo con frecuencia. Leer las palabras que contienen nos dará cada vez un mensaje distinto, con nuevos matices no apreciados con anterioridad. Porque las palabras es lo que tienen, que aunque estemos acostumbrados a emplearlas, no siempre nos suenan igual.
Hay palabras que contienen más de lo que definen, como amigo, amor, libro o madre. Las hay que han caído en desuso como alpargata, andariego, ética, justicia, urbanidad,… Otras pertenecen al estricto ámbito familiar: canco, fatuto, termeño, torulo; y los que no pertenezcan a él, tal vez las desconocen.
Están las palabras de consuelo, las más necesarias en los momentos difíciles, o esas otras, las palabras de amor, las tiernas, las cariñosas. Menos agradables, pero necesarias también, son las palabras sinceras, que son las que nos hacen mejorar, aunque no nos agrade demasiado, a veces, escucharlas. Tenemos otras que a la vez unen y separan: bandera, frontera, libertad, patria, religión,…
Hubo un tiempo en el que la palabra era el más firme e inviolable de los contratos entre las personas, de suerte que, quien faltara a la palabra dada, perdía toda honorabilidad. Hoy, muchos juran por su conciencia y honor, cumplir fielmente con las obligaciones del cargo que van a ocupar y al momento, se olvidan y faltan a su palabra y acomodan su conciencia a sus intereses. Lástima.
Las palabras nacieron para entendernos y comunicarnos entre los humanos. Es lo que nos diferencia del resto de los animales. Ellos no tienen las palabras. Pero con el tiempo, parece que hemos olvidado el sentido de las palabras. La mayoría de las veces nos separan, no conocemos con exactitud su significado preciso, y en caso de duda, no nos molestamos en solicitar amablemente aclaraciones. No diferenciamos entre oír y escuchar. Nos hemos olvidado que hasta no hace tanto tiempo, uno de los mayores halagos que una persona podía recibir era: “…es una persona de palabra.”
Pero como el viento esparció las palabras, desde las cavernas por todo el mundo, en cada lugar donde germinaron fueron diferentes. Por eso los idiomas son distintos. Siempre me hubiese gustado recibir el don de lenguas, que dicen que recibieron ciertos apóstoles. Poder entender y comprender las palabras de cualquier ser humano llegado de cualquier lugar del mundo.
Tuve, desde que yo recuerdo, un especial gusto por pegar la hebra, que como el maestro Delibes dijo: “…traducido a palabras pobres significa entablar conversación.”, y siempre lamento no poder comprender todas las lenguas del mundo, para poder charlar con esas gentes que aparecen en mi vida, o yo en la de ellas. Por eso cuando me cruzo con alguien que habla el mismo idioma que yo, disfruto escuchando su conversación, atento a nuevas palabras para mí, que puede que sean tan viejas como el tiempo. O esas otras cuyo significado ignoto para mi entendimiento, hagan sumergirme en el diccionario en busca de su contenido semántico.
Neruda supo contar como nadie lo que son las palabras, lo que contienen y representan. Lo definido por las palabras, a veces, suena muy diferente en una u otra lengua, tal es así que, ante la belleza en ciertos casos, me gustaría tomarlas como propias y emplearlas como mías, aunque no lo sean, o tal vez sí. No dejan de ser humanas, son utilizadas por humanos aunque hablen otro idioma. Su musicalidad al pronunciarlas las hace especiales. Decir a alguien que le amamos en francés, hablar de la propia madre en italiano y no digamos expresar sentimientos o conocimiento en griego o latín, es algo de lo que en determinados momentos siento que le falta a mi lengua materna.
Cada uno habla con sus dioses en su propia lengua, pero son las mismas palabras con diferentes envolturas. Muchos no se dan cuenta de ello y esas palabras les separan y enfrentan, supongo que es porque la filosofía no ha calado en ellos todavía, porque cuando no se sabe por quién morir se deja de combatir.
Por eso, cuando algunos actos de los hombres me hacen desconfiar sobre la bondad de la condición humana, busco refugio en la Palabra.

Fabio López

CANTO DEL PERDEDOR

Desde lejos han rugido las hordas
en las horas muertas junto al lago
que riega las montañas y la cresta
umbría de algunas que otras palabras.
Han clamado las voces al ocaso
como un emjambre que labra silencios...
A la mañana se despierta la sonrisa
con la tez ebria como tizna de vino
ácimo después de la noche inculta.

Y tú, poeta del silencio y más que amigo
casi sin saberlo te asomas
a los rostros. Acaso jamás adivinaste
que aquella noche estuviste invitado
al ceremonial de tu propia caída
entre licores groseros y ebriedad.
Y tú casi sin saberlo... el ruiseñor
plácidamente tañía en la enramada
mientras pulsaba su caricia en los oídos.
Y tú sin saberlo: bordaban las acacias
la flor del verano y allá abajo
tus hijos escrutaban el ocaso.

Nadie adivinó que por la tarde
el ruiseñor ventease entre la luna
que ladinamente restregaba sus ojeras,
el filo de una certera puñalada.

"Has caído en desgracia" -repetía
desde lo hondo del espino.
"Has caído en desgracia" -confesaba
el ocaso a su hoguera apagada.
Los labios son espadas del eco:
-"has caído en desgracia, en desgracia
ante los hombres... Has caído...
y está acabado... acabado ya".
Solo esta música te queda por soñar.
Solo esta lira te queda que pulsar.
Y el ruiseñor lloraba en los oídos,
inundaba las sombras del ocaso
con el rostro de la melodía más amada.

Allá, secretamente, en el lejano Delfos
alguien dijo al oído del poeta
que los eternos tiranos, los de siempre
sedientos de puños y de espadas
hoy como ayer o mañana, habrán de perseguir
su memoria allá donde el ocaso
trémulamente se anuncie
desde el canto de los suaves ruiseñores.
A ti, poeta del silencio y más que amigo
que vives tu soledad como un destierro
entre amigos, tu ciudad y sus confines.

Solo esta música te queda por soñar.
Solo esta lira te queda que pulsar
a la sombra de los sauces del río
cuando agonizan los últimos olmos
cuando se agotan las últimas horas.
Cuando este siglo agobiado fallece.

                               Noviembre, 1999


Francisco Javier Rodríguez Pérez

miércoles, 2 de enero de 2013

CARTA ABIERTA AL HERMANO ROMERO

  Yo debería estar ahí… y estoy: de alma entera. Esta pequeña Iglesia de São Félix de Araguaia te tiene muy presente, hermano. Estás visible en mi cuarto, en la capilla del patio, en nuestra catedral, en muchas comunidades, en el Santuario de los Mártires de la Caminada Latinoamericana. Hasta cuando cae un mango sobre el tejado me acuerdo del sobresalto que sentías cuando caían los mangos sobre tu retiro del Hospitalito.
El mes de marzo de 1983 yo escribía en mi diario: “No consigo entender de ningún modo, o lo entiendo demasiado: La fotografía del mártir Monseñor Romero con Juan Pablo II, en unos carteles más que normales para la visita del Papa, ha sido prohibida por la comisión mixta Gobierno-Iglesia de El Salvador. La imagen del mártir duele. Al Gobierno, perseguidor y asesino; y es natural que le duela; que duela a cierta Iglesia… también es natural, tristemente natural.
De todos modos, nosotros, aquí, en este rincón del Mato Grosso, y muchos cristianos y no cristianos de América y del Mundo, celebraremos otra vez, en ese mes de marzo, el martirio de San Romero, pastor bueno de América Latina. A nosotros tu imagen nos conforta, nos compromete y nos une; como una versión entrañable del Buen Pastor Jesús.
”Y ahora estamos ahí, millones, de muchos modos, celebrando el jubileo de tu testimonio definitivo, aquella homilía de sangre que nadie hará callar. Tú tienes poder de convocación, un poder macroecuménico de santo de los católicos y de los evangélicos y hasta de los ateos. Estamos ahí celebrando, reparando, asumiendo. Tú eres muy comprometedor; a lo Jesús de Nazaret: ese Jesús histórico que tantas veces se nos difumina en dogmatizaciones helenísticas y en espiritualismos sentimentales, el Jesús Pobre solidario con los pobres, el Crucificado con los crucificados de la Historia.

Tenías razón, y eso queremos celebrar también, con júbilo pascual. Has resucitado en tu pueblo, que no va a permitir que el imperio y las oligarquías sigan sometiéndolo, ni va a dejarse llevar por los revolucionarios arrepentidos o por los eclesiásticos espiritualizados. Y resucitas en ese Pueblo de millones de soñadores y soñadoras que creemos que otro Mundo es posible y que es posible otra Iglesia. Porque así, como va hoy, Romero hermano, ni el Mundo va, ni va la Iglesia. Continúan las guerras, ahora hasta de prevención; continúa el hambre, el paro, la violencia -del estado o de la turba enloquecida-; continúan las falsas democracias, el falso progreso, los falsos dioses que dominan con el dinero y la comunicación, con las armas y la política. Y continúa habiendo mucha Iglesia muda. Hemos pasado de la Seguridad Nacional a la seguridad del capital transnacional y de las dictaduras militares a la macro dictadura del imperio neoliberal. Son 25 años también de la Conferencia de Puebla. Aquellos rostros, Romero, que son el propio rostro del Jesús “destazado”, se han multiplicado en número y en deformación. Aquellas revoluciones utópicas –hermosas y atolondradas como una adolescencia de la Historia- han sido traicionadas por unos, despreciadas olímpicamente por otros y siguen siendo añoradas de otro modo, más “al suave”, en mayor profundidad personal y comunitaria- por muchas y muchos de los que estamos ahí, contigo, pastor del “acompañamiento”, compañero de llanto y de sangre de los pobres de la Tierra. ¡Cómo necesitamos hoy que enseñes a los pobres a “acuer-parse” en solidaridad, en organización, en terca esperanza!
Contigo, decía el maestro mártir Ellacuría, “Dios ha pasado por El Salvador”, por todo nuestro mundo. Y el teólogo de frontera José María Vigil ha hecho de ti tres rotundas afirmaciones que son, más que verdades para creer, desafíos de urgencia para asumir:
•      “Romero: símbolo máximo de la opción por los pobres y de la teología de la liberación.
•      Romero: símbolo máximo del conflicto de la opción por los pobres con el Estado.
•      Romero: símbolo máximo del conflicto de la opción por los pobres con la Iglesia institucional”
No es que tú dejases de ser “institucional” y comportado. Siempre me admiró en ti la alianza de la disciplina con la libertad, de la piedad tradicional con la Teología de la Liberación, de la profecía más arrojada con el perdón más generoso. Eras un santo haciéndose, en constante proceso de conversión. De ti se ha repetido edificadamente que eras un obispo convertido. Con Dios y con el Pueblo, sin dicotomías. “Yo, decías, tengo que escuchar qué dice el Espíritu por medio de su Pueblo…”. Tu homilía del 23 marzo de 1980, víspera de la oblación total, la titulaste precisamente así: “La Iglesia al servicio de la liberación personal, comunitaria, trascendente”.

Te recordamos tanto porque te necesitamos, Romero, hermano ejemplar. Tú nos animas, tú sigues predicándonos la homilía de la liberación integral. Tú sigues gritando “cese la represión”, a todas las fuerzas represivas en la Sociedad, en las Iglesias, en las Religiones. Tú nos adviertes que “el que se compromete con los pobres tiene que recorrer el mismo destino de los pobres: ser desaparecidos, ser torturados, ser capturados, aparecer cadáveres”, y nos recuerdas que, comprometiéndonos con las causas de los pobres, no hacemos más que “predicar el testimonio subversivo de las bienaventuranzas, que le han dado vuelta a todo”.
Confiabas –y no te vamos a defraudar- que “mientras haya injusticia habrá cristianos que la denuncien y que se pongan de parte de sus víctimas”. Tu sangre, como pedías, es verdaderamente “semilla de libertad”.
Tu memoria no es simplemente nostalgia ni una veneración sacralizada que se queda en el aire del incienso; queremos que sea, vamos a hacer que sea, compromiso militante, pastoral de liberación. Nuestro teólogo, el teólogo de los mártires, Jon Sobrino, nos resume así la tarea evangelizadora y política que, por fidelidad a tu memoria, nos demanda hoy el Reino: Enfrentarse a la realidad con la verdad; analizar la realidad y sus causas; trabajar por el cambio estructural; llevar a cabo una evangelización madura, liberadora, crítica y autocrítica; construir la Iglesia como pueblo de Dios; dar esperanza a ese Pueblo que tanto sufre…

Esta semana de tu jubileo, en San Salvador, acabará siendo un sínodo popular, un encuentro de aspiraciones y compromisos dentro de ese proceso conciliar que estamos viviendo, una gran vigilia pascual en torno a ti y a tantas y tantos testigos fieles, conocidos o anónimos, pero todos luminosos en el Libro de la Vida, seguidores hasta el fin del supremo Testigo Fiel.
“Estamos otra vez en pie de testimonio”, te decía yo en el poema aquel. Y estamos de verdad. Somos del gran Foro Social Mundial, con el Evangelio y por el Reino, hacia otro Mundo posible, hacia otra Iglesia –de Iglesias unidas y liberadoras-, hacia otra Patria Grande, Nuestra América del Caribe y del Sur y de la entrañable América Central; con un Norte otro, hermano también por fin, desimperializado.
Nos anuncian la V Conferencia Episcopal Latinoamericana, posiblemente para 2007 y esperamos que sea en América Latina. Ayuda a prepararla, hermano. Haced celestiales horas extras todos los santos y santas de Nuestra América para que esa Conferencia sea un Medellín, y actualizado.
Seguiremos hablando, hermano Romero. Cada día. Tú acompañándonos, desde la Paz total, por el camino arduo y liberador del Evangelio. Tantas veces nos sentimos como los discípulos de Emaús, defraudados, sin rumbo, porque “pensábamos que… “

Se ha hablado mucho de tu última homilía como de una última palabra tuya, testamentaria. Tú escribiste otra última palabra, más definitiva aún, pero menos conocida. El 19 de abril de ese año de 1980, monseñor Arturo Rivera Damas, administrador apostólico de San Salvador, me escribía: “… nos permitimos incluir aquí la carta que dejó redactada nuestro querido Mons. Romero el mismo día de su asesinato y que esa noche él habría de firmar. Agradeciéndole a usted su solidaridad cristiana con él y con nuestra Iglesia, le pedimos que podamos contar siempre con sus oraciones para que podamos continuar la obra que el Señor y la Iglesia nos confían y que siguiendo esos criterios Mons. Romero realizó…”
Tu carta, Romero, que guardamos en nuestro archivo, timbrada como “reliquia”, reza así:
“… Querido hermano en el episcopado:
Con profundo afecto le agradezco su fraternal mensaje por la pena de la destrucción de nuestra emisora.
Su calurosa adhesión alienta considerablemente la fidelidad a nuestra misión de continuar siendo expresión de las esperanzas y angustias de los pobres, alegres por correr como Jesús los mismo riesgos, por identificarnos con las causas justas de los desposeídos.
A la luz de la fe, siéntame estrechamente unido en el afecto, en la oración y en el triunfo de la Resurrección.
Oscar A. Romero, Arzobispo”

Tu última palabra escrita, y firmada con sangre, no podía ser más cristiana.
Querido San Romero de América, hermano, pastor, testigo: Tú vivías y da-bas la vida porque creías de verdad en “el triunfo de la Resurrección”. Ayúdanos a creer de verdad en ese triunfo, para vivir y dar la vida como tú, con los pobres de la Tierra, siguiendo al Crucificado Resucitado Jesús.
Pedro Casaldáliga
24 de marzo de 2005
 
   
  Pedro Casaldáliga
24 de marzo de 2005

domingo, 30 de diciembre de 2012

“PARAR LA RUEDA BLOQUEANDO SUS RADIOS”


Estaba pensando la circular de 2008, cuando me invade, como un río bíblico de leche y
miel, una auténtica inundación de mensajes de solidaridad y cariño por ocasión de mis 80 años.
No pudiendo responder a cada uno y a cada una en particular, incluso porque el hermano Parkinson
tiene sus caprichos, les pido que reciban esta circular como un abrazo personal, entrañable,
de gratitud y de comunión renovadas.
Estoy leyendo una biografía de Dietrich Bonhoeffer, titulada, muy significativamente,
Tendríamos que haber gritado. Bonhoeffer, teólogo y pastor luterano, profeta y mártir, fue asesinado
por el nazismo, el 9 de abril de 1945, en el campo de concentración de Flossenbürg. Él
denunciaba «la Gracia barata» a la que reducimos muchas veces nuestra fe cristiana. Advertía
también que «quien no haya gritado contra el nazismo no tiene derecho a cantar gregoriano».
Y llegaba finalmente, ya en vísperas de su martirio, a esta conclusión militante: «Hay que parar
la rueda bloqueando sus radios». No bastaba entonces con socorrer puntualmente a las víctimas
trituradas por el sistema nazi, que para Bonhoeffer era la rueda; y no nos pueden bastar
hoy el asistencialismo y las reformas-parche frente a esa rueda que para nosotros es el capitalismo
neoliberal con sus radios del mercado total, del lucro omnímodo, de la macro-dictadura
económica y cultural, de los terrorismos de estado, del armamentismo de nuevo creciente, del
fundamentalismo religioso, de la devastación ecocida de la tierra, del agua, de la floresta y del
aire.
No podemos quedarnos estupefactos delante de la iniquidad estructurada, aceptando
como fatalidad la desigualdad injusta entre personas y pueblos, la existencia de un Primer
Mundo que lo tiene todo y un Tercer Mundo que muere de inanición. Las estadísticas se multiplican
y vamos conociendo más números dramáticos, más situaciones infrahumanas. Jean Ziegler,
relator de Naciones Unidas para la Alimentación, afirma, cargado de experiencia, que «el
orden mundial es asesino, puesto que hoy el hambre ya no es una fatalidad». Y afirma también
que «destinar millones de hectáreas para la producción de biocarburantes es un crimen contra
la humanidad»; el biocombustible no puede ser un festival de lucros irresponsables. La ONU
viene alertando que el calentamiento global del planeta avanza más rápido de lo que se pensaba
y, a menos que se adopten medidas urgentes, provocará la desaparición del 30% de las
especies animales y vegetales, millones de personas se verán privadas de agua y proliferarán
las sequías, los incendios, las inundaciones. Uno se pregunta angustiado quién va a adoptar
esas “medidas urgentes”.
El gran capital agrícola, con el agronegocio y el hidronegocio cada vez más, avanza sobre
el campo, concentrando tierra y renta, expulsando a las familias campesinas y lanzándolas
errantes, sin tierra, acampadas, engrosando las periferias violentas de las ciudades. Dom Edwin
Kräutler, obispo de Xingú y presidente del CIMI, denuncia que el «desarrollo en la Amazonia
se tornó sinónimo de deforestar, quemar, arrasar, matar». Según Roberto Smeraldi, de
Amigos de la Tierra, las políticas contradictorias del Banco Mundial por un lado «prometen salvar
los árboles» y por otro lado «ayudan a derribar la Amazonia».
Pero la Utopía continúa. Como diría Bloch, somos «criaturas esperanzadas» (y esperanzadoras).
La esperanza sigue, como una sed y como un manantial. «Contra toda esperanza
esperamos». De esperanza habla, precisamente, la reciente encíclica de Benedicto XVI. (Lástima
que el Papa, en esta encíclica, no cite ni una sola vez el Concilio Vaticano II que nos dio la
Constitución Pastoral Gaudium et Spes –Alegría y Esperanza-. Dicho sea de paso, el Concilio
Vaticano II continúa amado, acusado, silenciado, preterido… ¿A quién le da miedo el Vaticano
II?). Frente al descrédito de la política, en casi todo el mundo, nuestra Agenda Latinoamericana
2008 apuesta por una nueva política; hasta «pedimos, soñando alto, que la política sea un
ejercicio de amor». Un amor muy realista, militante, que subvierta estructuras e instituciones
reaccionarias, construidas con el hambre y la sangre de las mayorías pobres, al servicio del
condominio mundial de una minoría plutócrata.
Por su parte las entidades y los proyectos alternativos reaccionan intentando crear conciencia,
provocar una santa rebeldía. El FSM 2009 se va a celebrar, precisamente, en la Amazonia
brasileña y tendrá la Amazonia como uno de los temas centrales. Y el XII Encuentro Intereclesial
de las CEBs, en 2009, se celebrará también en la Amazonia, en Porto Velho, Rondônia.
Nuestra militancia política y nuestra pastoral liberadora deben asumir cada vez más estos
desafíos mayores, que amenazan nuestro Planeta. «Escogemos, pues, la vida» como reza el
lema de la Campaña de la Fraternidad 2008. El apóstol Pablo, desde su Carta a los Romanos,
nos recuerda que «toda la Creación gime y está con dolores de parto» (Rom 8,22). Los gritos
de muerte se cruzan con los gritos de vida, en ese parto universal.
Es tiempo de paradigmas. Hoy creo que se deben citar como paradigmas mayores y
más urgentes, los derechos humanos básicos, la ecología, el diálogo intercultural e interreligioso
y la convivencia plural entre personas y pueblos. Estos cuatro paradigmas nos afectan
a todos, porque salen al encuentro de las convulsiones, objetivos y programas que está
viviendo la Humanidad maltratada, pero siempre esperanzada aún.
Con tropiezos y ambigüedades Nuestra América se mueve hacia la izquierda; «nuevos
vientos soplan en el Continente»; estamos pasando «de la resistencia a la ofensiva». Los pueblos
indígenas de Abya Yala han saludado alborozados la Declaración de la ONU sobre los Derechos
de los Pueblos Indígenas, que afecta a más de 370 millones de personas en unos 70 países
del Mundo. Y reivindicarán su puesta en práctica.
Nuestra Iglesia de América Latina y del Caribe, en Aparecida, si no fue el Pentecostés
que queríamos soñar, fue una honda experiencia de encuentro entre los obispos y el pueblo; y
confirmó los trazos más característicos de la Iglesia de la Liberación: el seguimiento de Jesús,
la Biblia en la vida, la opción por los pobres, el testimonio de los mártires, las comunidades, la
misión inculturada, el compromiso político.
Hermanas y hermanos, ¿qué radios vamos a quebrar en nuestra vida diaria?, ¿cómo
ayudaremos a bloquear la rueda fatal?, ¿tendremos derecho a cantar gregoriano?, ¿sabremos
incorporar en nuestras vidas esos cuatro paradigmas mayores traduciéndolos en práctica diaria?
Reciban un abrazo entrañable en la esperanza subversiva y en la comunión fraterna del
Evangelio del Reino. Vamos siempre hacia la Vida.
Pedro Casaldáliga
Circular 2008

jueves, 27 de diciembre de 2012

Educación para la justicia social


Educación para la justicia social
JUAN CARLOS TEDESCO (19-Nov-2010)
La Semana Monográfica de la Fundación Santillana estará dedicada este año a discutir la educación en la próxima década. La elección de este tema es importante porque atravesamos un periodo de la historia en el cual el futuro está asociado a incertidumbre, a riesgo y a ausencia de sentido. No sabemos muy bien adónde vamos o adónde queremos ir. Ese déficit de sentido corre el riesgo de ser cubierto por el individualismo asocial o el fundamentalismo autoritario. La alternativa a estos dos fundamentalismos exige que provoquemos una fuerte adhesión al objetivo de construir sociedades más justas. El siglo XXI puede (y debe) ser el siglo de la justicia social. En este escenario, la educación juega un papel fundamental porque en la sociedad de la información y del conocimiento, la condición necesaria para la inclusión social es una educación de calidad.
Concebir a la educación como la variable clave en la construcción de sociedades más justas implica superar el carácter puramente retórico que tiene el apoyo a la educación dentro del conjunto de las políticas públicas. Es necesario asumir compromisos reales, tanto desde el punto de vista de la asignación de recursos financieros como de los esfuerzos individuales y colectivos de todos los actores que participan del proceso de enseñanza-aprendizaje: el Estado, los medios de comunicación, las familias, los sindicatos docentes y los propios estudiantes.
El desafío más importante consiste en superar el determinismo social de los resultados de aprendizaje. Dicho determinismo está asociado al peso de las condiciones materiales de vida de los alumnos y sus familias en la trayectoria escolar. Las investigaciones y las experiencias internacionales indican que hay al menos cinco líneas estratégicas fértiles para que la educación contribuya a la construcción de sociedades más justas: la educación inicial, los docentes, la alfabetización digital, la alfabetización científica y las políticas de subjetividad.
- Lo más temprano posible
Los análisis acerca del proceso de reproducción de las desigualdades coinciden en señalar que para romper el círculo vicioso de padres pobres-hijos pobres, es fundamental intervenir en el momento donde se produce la formación básica del capital cognitivo de las personas. En este sentido, es necesario diseñar y aplicar políticas familiares que permitan a las madres tener acceso al mercado de trabajo, mientras los hijos son atendidos desde muy temprano por instituciones de cuidado infantil. Al respecto, es importante destacar que resulta mucho más importante el capital social y cultural de las familias que su nivel de ingresos. Las políticas al respecto deberían, por ello, atacar las desigualdades en términos de recursos culturales disponibles en las familias, que permitan mejorar las condiciones con las cuales los alumnos ingresan en la escuela.
- El trabajo docente
La actual situación de los docentes parece definida por una paradoja de vigencia casi universal. Por un lado, se reconoce que la calidad de la educación depende de la calidad de los docentes y, por el otro, se aplican medidas que provocan un profundo proceso de desprestigio de su profesión. Para salir de esta paradoja es necesario diseñar políticas integrales, que abarquen al menos tres dimensiones: condiciones de trabajo, que involucran no solo el salario sino la organización del trabajo escolar; la formación inicial y continua, que garantice niveles mucho más altos de profesionalismo y que atraiga a la docencia a jóvenes talentosos y, en tercer lugar, el diseño de la carrera docente, que permita progresar en el ejercicio de la profesión basándose en factores más genuinos que la mera antigüedad.
Esta estrategia integral persigue recuperar altos niveles de compromiso por parte de los docentes en el logro de resultados de aprendizaje de sus alumnos, particularmente de aquellos que provienen de las familias más modestas.
- Alfabetización científica
Una educación de calidad para todos es una educación capaz de universalizar aprendizajes socialmente significativos. El manejo de los saberes científicos básicos es un componente imprescindible en la formación de un ciudadano de la sociedad de la información. Esta es la razón por la cual la formación científica debe estar incorporada al contenido de la enseñanza universal y obligatoria. Los principales debates ciudadanos están hoy cargados de información científica y técnica. Para tomar decisiones sobre temas como el cuidado del medio ambiente, la manipulación genética o la política económica, por ejemplo, hay que estar alfabetizado científicamente. Desde el punto de vista formal, es probable que este objetivo ya haya sido alcanzado en muchos países. Sin embargo, los resultados reales están lejos de garantizar la meta postulada por los discursos y los documentos oficiales. En este sentido, es necesario incorporar metodologías de enseñanza que permitan descubrir la pasión por el conocimiento, el gusto por la experimentación y el dominio del razonamiento lógico.
- Alfabetización digital
Nadie discute actualmente la necesidad de incorporar las tecnologías de la información a la enseñanza. Es necesario, sin embargo, distinguir claramente dos cuestiones vinculadas entre sí, pero diferentes. Una es de carácter social y se refiere a la inclusión digital, mientras que la otra es de carácter pedagógico y se refiere al uso de las tecnologías como recursos didácticos o como dispositivos para el proceso de enseñanza-aprendizaje.
La alfabetización digital universal, dentro de la cual deben considerarse las políticas basadas en la idea de un ordenador por alumno, se justifica mucho más desde el punto de vista de la inclusión social que desde la perspectiva pedagógica. Estas políticas han sido exitosas en reducir la brecha en el acceso. Ahora enfrentamos un desafío más complejo, que consiste en reducir la brecha existente en la capacidad de uso del ordenador. Para ello, tal vez no deberíamos descartar la idea de incluir una materia específica destinada a enseñar el manejo digital, así como enseñamos gramática, ortografía y sintaxis para el manejo de la lengua.
Con respecto al uso del ordenador como recurso didáctico, en cambio, existe mucha mayor discusión. Al respecto, no se trata de negar la potencialidad democratizadora o innovadora de las nuevas tecnologías sino de insistir en que el ejercicio de esas potencialidades no depende de las tecnologías mismas, sino de los modelos sociales y pedagógicos en los cuales se inserte su utilización.
- Políticas de subjetividad
Los estudios sobre experiencias exitosas en romper el determinismo social de los resultados de aprendizaje ponen de relieve que mejorar los insumos materiales del aprendizaje es necesario pero no suficiente. No alcanza con aumentar las horas de clase, dotar a las escuelas de mejores edificios, equipamiento didáctico o excelentes manuales. La reproducción de la desigualdad incluye un fuerte componente subjetivo. Sin pretender ser exhaustivos, es posible mencionar al menos cuatro aspectos que han sido identificados en los casos de experiencias exitosas para romper el círculo de reproducción de la pobreza en el ámbito escolar: la existencia de un proyecto, que puede ser de la institución y del equipo docente; la capacidad para elaborar una narrativa que explica las razones por las cuales el equipo hace lo que hace, la confianza en la capacidad de aprendizaje de los alumnos y el compromiso y la responsabilidad por los resultados, que no permiten ser indiferente ante los síntomas de fracaso escolar de los alumnos.
En síntesis, para construir una sociedad justa es fundamental apostar por una educación de calidad para todos. Pero lo inverso también es importante: solo tendremos una educación de calidad para todos si queremos construir sociedades más justas.
Juan Carlos Tedesco fue ministro de Educación de Argentina y es autor del documento básico que presentará en la Semana Monográfica de la Educación de la Fundación Santillana, que se celebra en Madrid entre los próximos días 22 y 26 de noviembre.

«HOY YA NO TENGO ESOS SUEÑOS»



El Cardenal Carlo M. Martini, jesuita, biblista, arzobispo que fue de Milán y colega
mío de Parkinson, es un eclesiástico de diálogo, de acogida, de renovación a
fondo, tanto de la Iglesia como de la Sociedad. En su libro de confidencias y confesiones
Coloquios nocturnos en Jerusalén, declara: «Antes tenía sueños sobre la Iglesia.
Soñaba con una Iglesia que recorre su camino en la pobreza y en la humildad,
que no depende de los poderes de este mundo; en la cual se extirpara de raíz la desconfianza;
que diera espacio a la gente que piensa con más amplitud; que diera
ánimos, en especial, a aquellos que se sienten pequeños o pecadores. Soñaba con
una Iglesia joven. Hoy ya no tengo más esos sueños». Esta afirmación categórica de
Martini no es, no puede ser, una declaración de fracaso, de decepción eclesial, de
renuncia a la utopía. Martini continúa soñando nada menos que con el Reino, que es
la utopía de las utopías, un sueño del mismo Dios.
Él y millones de personas en la Iglesia soñamos con la «otra Iglesia posible»,
al servicio del «otro Mundo posible». Y el cardenal Martini es un buen testigo y un
buen guía en ese camino alternativo; lo ha demostrado.
Tanto en la Iglesia (en la Iglesia de Jesús que son varias Iglesias) como en la
Sociedad (que son varios pueblos, varias culturas, varios procesos históricos) hoy
más que nunca debemos radicalizar en la búsqueda de la justicia y de la paz, de la
dignidad humana y de la igualdad en la alteridad, del verdadero progreso dentro de
la ecología profunda. Y como dice Bobbio «hay que instalar la libertad en el corazón
mismo de la igualdad»; hoy con una visión y una acción estrictamente mundiales. Es
la otra globalización, la que reivindican nuestros pensadores, nuestros militantes,
nuestros mártires, nuestros hambrientos…
La gran crisis económica actual es una crisis global de Humanidad que no se
resolverá con ningún tipo de capitalismo, porque no cabe un capitalismo humano; el
capitalismo sigue siendo homicida, ecocida, suicida. No hay modo de servir simultáneamente
al dios de los bancos y al Dios de la Vida, conjugar la prepotencia y la usura
con la convivencia fraterna. La cuestión axial es: ¿Se trata de salvar el Sistema o
se trata de salvar a la Humanidad? A grandes crisis, grandes oportunidades. En
idioma chino la palabra crisis se desdobla en dos sentidos: crisis como peligro, crisis
como oportunidad.
En la campaña electoral de EE UU se enarboló repetidamente «el sueño de
Luther King», queriendo actualizar ese sueño; y, con ocasión de los 50 años de la
convocatoria del Vaticano II, se ha recordado, con nostalgia, el Pacto de las Catacumbas
de la Iglesia sierva y pobre. En el 16 de noviembre de 1965, pocos días antes
de la clausura del Concilio, 40 Padres Conciliares celebraron la Eucaristía en las
catacumbas romanas de Domitila, y firmaron el Pacto de las Catacumbas. Dom Hélder
Câmara, cuyo centenario de nacimiento estamos celebrando este año, era uno
de los principales animadores del grupo profético. El Pacto en sus 13 puntos insiste
en la pobreza evangélica de la Iglesia, sin títulos honoríficos, sin privilegios y sin ostentaciones
mundanas; insiste en la colegialidad y en la corresponsabilidad de la
Iglesia como Pueblo de Dios, y en la abertura al mundo y en la acogida fraterna.
Hoy, nosotros, en la convulsa coyuntura actual, profesamos la vigencia de
muchos sueños, sociales, políticos, eclesiales, a los que de ningún modo podemos
renunciar. Seguimos rechazando el capitalismo neoliberal, el neoimperialismo del
dinero y de las armas, una economía de mercado y de consumismo que sepulta en la
pobreza y en el hambre a una grande mayoría de la Humanidad. Y seguiremos rechazando
toda discriminación por motivos de género, de cultura, de raza. Exigimos
la transformación sustancial de los organismos mundiales (ONU, FMI, Banco Mundial,
OMC…). Nos comprometemos a vivir una «ecológica profunda e integral», propiciando
una política agraria-agrícola alternativa a la política depredadora del latifundio,
del monocultivo, del agrotóxico. Participaremos en las transformaciones sociales,
políticas y económicas, para una democracia de «alta intensidad».
Como Iglesia queremos vivir, a la luz del Evangelio, la pasión obsesiva de Jesús,
el Reino. Queremos ser Iglesia de la opción por los pobres, comunidad ecuménica
y macroecuménica también. El Dios en quien creemos, el Abbá de Jesús, no puede
ser de ningún modo causa de fundamentalismos, de exclusiones, de inclusiones
absorbentes, de orgullo proselitista. Ya basta con hacer de nuestro Dios el único Dios
verdadero. «Mi Dios, ¿me deja ver a Dios?». Con todo respeto por la opinión del Papa
Benedicto XVI, el diálogo interreligioso no sólo es posible, es necesario. Haremos
de la corresponsabilidad eclesial la expresión legítima de una fe adulta. Exigiremos,
corrigiendo siglos de discriminación, la plena igualdad de la mujer en la vida y en los
ministerios de la Iglesia. Estimularemos la libertad y el servicio reconocido de nuestros
teólogos y teólogas. La Iglesia será una red de comunidades orantes, servidoras,
proféticas, testigos de la Buena Nueva: una Buena Nueva de vida, de libertad,
de comunión feliz. Una Buena Nueva de misericordia, de acogida, de perdón, de ternura,
samaritana a la vera de todos los caminos de la Humanidad. Seguiremos
haciendo que se viva en la práctica eclesial la advertencia de Jesús: «No será así
entre vosotros» (Mt 21,26). Sea la autoridad servicio. El Vaticano dejará de ser Estado
y el Papa no será más Jefe de Estado. La Curia habrá de ser profundamente
reformada y las Iglesias locales cultivarán la inculturación del Evangelio y la ministerialidad
compartida. La Iglesia se comprometerá, sin miedo, sin evasiones, en las
grandes causas de la justicia y de la paz, de los derechos humanos y de la igualdad
reconocida de todos los pueblos. Será profecía de anuncio, de denuncia, de consolación.
La política vivida por todos los cristianos y cristianas será aquella «expresión
más alta del amor fraterno» (Pío XI).
Nos negamos a renunciar a estos sueños aunque puedan parecer quimera.
«Todavía cantamos, todavía soñamos». Nos atenemos a la palabra de Jesús: «Fuego
he venido a traer a la Tierra; y qué puedo querer sino que arda» (Lc 12,49). Con
humildad y coraje, en el seguimiento de Jesús, miraremos de vivir estos sueños en el
cada día de nuestras vidas. Seguirá habiendo crisis y la Humanidad, con sus religiones
y sus iglesias, seguirá siendo santa y pecadora. Pero no faltarán las campañas
universales de solidaridad, los Foros Sociales, las Vías Campesinas, los Movimientos
populares, las conquistas de los Sin Tierra, los pactos ecológicos, los caminos alternativos
de Nuestra América, las Comunidades Eclesiales de Base, los procesos de
reconciliación entre el Shalom y el Salam, las victorias indígenas y afro y, en todo
caso, una vez más y siempre «yo me atengo a lo dicho: la Esperanza».
Cada uno y cada una a quien pueda llegar esta circular fraterna, en comunión
de fe religiosa o de pasión humana, reciba un abrazo del tamaño de estos sueños.
Los viejos aún tenemos visiones, dice la Biblia (Jl 3,1). Leí hace unos días esta definición:
«La vejez es una especie de posguerra»; no necesariamente de claudicación.
El Parkinson es sólo un percance del camino y seguimos Reino adentro.
Pedro Casaldáliga
Circular 2009

sábado, 22 de diciembre de 2012

UNA CENA DE NOCHEBUENA


En unos tiempos no demasiado buenos para todo el mundo, parece llegado el momento de recuperar un menú de antaño para celebrar la Nochebuena. Se trata de un menú humilde pero suculento. Sencillo, cálido y que debe tomarse en buena compañía. Se habrá de elaborar al amor de la lumbre, donde nos podremos sentar una vez acabada la cena a compartir viejas historias de antaño. Costumbres casi perdidas, recuerdos de abuelos y bisabuelos, volviendo a ser niños si llega el caso. Prestad atención a las recetas y ¡buen provecho!.
PRIMER PLATO:
SOPAS DE AJO
Se pone un puchero con agua a la lumbre. Se añade sal. Se fríen en una sartén unos dientes de ajo con un poco de manteca, cuando están fritos se añade pimentón dulce y todo ello se vierte en el puchero con agua. Cuando todo ello cuece se aparta del fuego y se vierte sobre el pan cortado en sopas.
SEGUNDO PLATO:
GALLO GUISADO
Se trocea el gallo. Se pone aceite en una cazuela, cuando está caliente se añade una cebolla cortada menuda y una hoja de laurel, dos dientes de ajo pelados y una rebanada de pan. Se fríe todo y se parta para después machacarlo en el mortero. En el aceite que queda se rehoga el gallo. Se añade una pizca de nuez moscada molida y cuando esté bien rehogado el gallo se añade lo que habíamos machado en el mortero con un poco de vino blanco. Se añade sal al gusto y se deja cocer hasta que esté tierno. A fuego lento. Dependerá del tamaño del gallo el tiempo de cocción. Si en lugar de cazuela lo hacemos en olla a presión, habrán de adaptarse los tiempos de cocción únicamente, el resto igual. Ingredientes:
1 gallo de corral, aceite (un vaso mediano), sal, laurel (una hoja), ajos (dos dientes), nuez moscada, cebolla (una entera mediana), pan (una rebanada), vino blanco ( un vaso).
NOTA. Las recetas han sido proporcionadas por Maura Sanz. Y esto es un recuerdo hacia ella.

lunes, 3 de diciembre de 2012

DIEZ MILLONES DE VOTOS



En el año 1.982 voté por primera vez. Con mis recién estrenados 18 años acudí por primera vez a las urnas. Con ese acto, depositar mi voto en una urna de plástico transparente, sentía que formaba parte de una sociedad que se construía a mi alrededor, y de la que había formado parte hasta ese momento con voz y presencia pero sin voto. Emoción contenida, miedo a no saber hacer las cosas como debían ser.
Más allá de mi voto, la historia recogió ese momento como algo especial que había sucedido en España. Diez millones de votos depositaron su confianza en que España debía cambiar. Junto a los votos, una ilusión, la de millones de personas que querían ver cambiar el país.
A fe mía que ha cambiado en estos treinta años España. Pero los que más han cambiado han sido los que nos pidieron nuestro voto en aquellas elecciones. Hoy, hablan de recuperar la mayoría. Lo hagan o no, su dificultad entiendo que está en recuperar la ilusión de esos diez millones de votos que dilapidaron junto a muchas de sus decisiones. Hoy los que votan son otros, somos otros, hemos cambiado, pero tenemos deseo de ilusionarnos por un proyecto de futuro, que construya un lugar común para todos, sin exclusiones sociales, económicas ni políticas.
Tal vez lo primero que deban hacer, los que han protagonizado estos treinta años la vida pública del Partido Socialista Obreo Español, sea dar un paso al lado, retirarse de la primera fila, dejar paso a gente jóven con nuevos proyectos, que recuperen la ilusión de un electorado, que sigue esperando un proyecto en el que creer. Hace falta también ilusionar a diez millones de españoles por lo menos, porque eso no ha cambiado, ahí está la barrera de la mayoría absoluta en este país. Pero lo más importante, es que hace falta la ilusión de diez millones de personas al menos para encontar solución a los problemas que acucian a esta España de hoy, tan diferente de la de hace treinta años, pero tan necesitada como entonces de unos políticos que den confianza al electorado, que presenten un proyecto justo, humano, social e integrador. Personas que sean capaces de volver a hacer sentir ilusión a los votantes. Porque lo que he aprendido en estos treinta años, es que un estado de bienestar cuesta muchos años construirlo pero se puede desmantelar en muy poco tiempo. Así sucede con la ilusión y la confianza de los electores, cuesta mucho ganarlas pero se pierden en muy poco tiempo.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

SINLABAJOS: EDILES, CURAS Y ANIMALITOS.

Lo de conocer la comarca crea una cierta adicción, por eso no podemos dejar pasar mucho tiempo sin hacer una correría. En esta ocasión han sido Sinlabajos, Muriel y Donvidas, lo que viene siendo parte del antiguo sexmo de Sinlabajos. La cosa iba de visitar iglesias, lo que nos encanta, en unos tiempos en los que en estos templos de la Tierra de Arévalo y la Moraña son unos pocos feligreses de avanzada edad los que con más regularidad suelen frecuentarlos. Pocos feligreses pues hay poca población y además, los aún más escasos curas en muchos casos, no andan muy bien en la cuestión esta de la mercadotecnia, y en lugar de sumar y multiplicar, suelen ser más de restar cuando no de dividir.
Han coincidido además dos anécdotas, con diferente protagonista de un lado, pero un denominador común; del otro el mismo protagonista, cuyo nombre me vais a permitir que mantenga en el anonimato. En ambos casos soy testigo directo de lo ocurrido, no es algo que me hayan contado las lenguas de doble filo ni nada por el estilo, lo he presenciado personalmente, y por eso notario como el Luisma, “doy fe”.
En el primer caso, un concejal, edil o cualquier otro sinónimo, se permite exigir que corran con los gastos de limpieza del local, seguro y todo lo demás a unos jóvenes por venir a representar una obra de teatro en un local municipal, el día de la patrona del pueblo que supuestamente gestiona ese personaje, cuando, que se sepa, no hay ningún otro acto organizado para celebrar dicha festividad. Gracias a la crisis han encontrado el pretexto idóneo para ocultar su incompetencia, facilidad para el despilfarro en épocas de abundancia y nula imaginación en las de escasez.
En el segundo, un cura, demostrando una falta de humildad impropia de su cargo, exige cortesía al tiempo que demuestra una enorme falta de educación. Menosprecia a un firme colaborador ante un grupo de personas que habían acudido a visitar uno de los templos que administra, en los cuales por cierto y viendo el éxito de público que los frecuenta para el culto, están más próximos al cierre por cese de actividad que a una ampliación, y salvo milagro, uno de esos en los que como reclamo publicitario puede hacer llenar el templo, no tiene mucho futuro. El milagro es más difícil de lo habitual pues el problema es la falta de gente a la que convertir en fieles creyentes.
En ambos casos el denominador común es una figura poliédrica con muchas caras. Una es el afán por detener cualquier intento de innovación, cortar la capacidad de iniciativa de cualquier persona que no pertenezca a su círculo de aduladores, meapilas y lameculos; los cuales sumisos, solícitos y obsequiosos, ríen las gracias y aplauden las ocurrencias de estos personajes, ediles y curas. Otra es el creerse amos de lo que gestionan, ellos que no pasan de ser meros administradores del bien cuyo único y legítimo propietario es el pueblo soberano. Y lo son, sin ser los mejores ni más capacitados para ello, por haber contribuido al descrédito de la actividad que ejercen, con sus comportamientos, con sus actitudes, alejando a las personas que con buena voluntad se ofrecen a colaborar.
Son despilfarradores en épocas de abundancia y escasos de imaginación cuando la necesidad aprieta. Pero son al mismo tiempo tan soberbios y cicateros que ni reconocen su falta de capacidad ni reconocen la valía a los que la tienen, no aceptando tampoco ni ideas ni sugerencias, y mucho menos críticas, por constructivas que sean, que hayan salido de lugar diferente a sus caletres.
Han conseguido que la mayoría de la población se desinterese y aparte de la política, en la parte que corresponde a la vida pública; y de la religión, en cuanto a manifestar en público las creencias. Porque han de saber que la mayoría de la ciudadanía, aunque no lo parezca, en privado tiene y mantiene una cierta ideología política, aunque tengan cada vez más reparos en manifestar sus opiniones y muestren menos interés por participar en los órganos de gobierno de su comunidad. Ocurre algo parecido en materia religiosa, pues mantienen sus creencias en privado, absteniéndose de mostrar en público sus convicciones, al tiempo que se encuentran a mayor distancia de los que dicen ser sus pastores de almas.
Los políticos de medio pelo que abundan en la vida pública, tanto de izquierdas como de derechas, abominan de los independientes y muchos de los curas de los librepensadores, pretendiendo dar pensadas las cosas a las personas que se les acercan, no admitiendo ninguna otra interpretación de la vida que se aparte de su doctrina.
Ante esto, algunos no nos resistimos a entregar la cuchara. Cierto es que cada vez me encuentro mejor paseando por el campo, junto a mis amigos, observando a los animalitos. Disfrutar del patrimonio natural me produce menos sinsabores. Pero confío plenamente en las personas, a pesar de que cada día alguna me defrauda. Renuevo cada día mi fe en ellas. Encuentro además, ediles y curas que se alegran de nuestro interés por lo que administran, aceptan nuestro esfuerzo por mejorar las cosas, nos plantean sus preocupaciones y se muestran entusiasmados y esperanzados con nuestra entrega y dedicación. Nos reconocemos mutuamente como gente rara que parece desenvolverse en un entorno hostil. No tenemos prisa por conseguir cambiar lo que no nos gusta, aunque desearíamos fuera cuanto antes. La constancia es un valor que nos intercambiamos para mantener el aliento en esta tarea que hace tiempo comenzamos.
Somos además conscientes de nuestra pequeñez. Unos pobres diablos en una pequeña comarca de un país no muy grande en un planeta diminuto dentro del inmenso universo. Unos pocos años de trabajo en unas tierras que llevan millones de años formándose. Pero es ahí donde radica nuestra fuerza. No tenemos poder ni lo queremos, no tenemos recursos pero buscamos soluciones. Vemos problemas e intentamos resolverlos. Procuramos sumar adeptos a la causa para multiplicar resultados, sin dividir y restando únicamente dificultades.
No pensamos que dar a conocer el patrimonio sea invitar a su expolio como pretenden hacer creer. Me recuerdan el caso de aquel médico que fue avisado por la familia de un venerable anciano, que había fallecido, para que certificase su defunción. Al llegar a la casa del finado y una vez extendido y firmado el correspondiente certificado de defunción, fue acusado por los herederos del difunto de haber causado su muerte.
Amamos lo que hacemos porque estamos aprendiendo a conocer lo que tenemos. Compartimos cuanto tenemos y escuchamos a todo aquel que se acerca a nosotros. No somos infinitamente buenos ni casi perfectos como Mary Poppins, por eso, de vez en cuando se hace necesario un cierto desahogo, y dejamos salir de nuestras bocas y nuestras plumas algún que otro improperio, más con el ánimo de desahogarnos que de despreciar; porque el día que queramos despreciar y ofender de verdad, nos dedicaremos a visitar únicamente el campo y a observar a los animalitos y el día que ni eso nos dejen hacer, volaremos en nuestro interior, con nuestra imaginación y nuestro pensamiento, que allí no pueden entrar estos mequetrefes que se creen los amos de esta España catastrada.
Por cierto, padre cura, no, no he dejado donativo que según parece es algo que le preocupa; ya marco con una equis la casilla correspondiente a la iglesia católica en mi declaración de la renta, aunque viendo el comportamiento de muchos de ustedes y la gestión que hacen del patrimonio, me lo pensaré en la próxima ocasión antes de marcar nada. También reflexionaré aún más mi voto, por cierto.

domingo, 18 de noviembre de 2012

SOBRE LA MUERTE

"CUANDO TIENDA LA TRÉMULA MANO PRÓXIMO A EXPIRAR..."


   La muerte es suceso cierto. Es cuando probablemente encontremos la respuesta a todas las preguntas, dudas e inquietudes que nos hemos planteado a lo largo de nuestra vida.
     Las muertes que duelen son las ajenas. La muerte propia no duele, es su llegada lo que nos aterra.
    No tengo tiempo para pensar en el momento postrero, son infinitas las cosas que me quedan por hacer y el tiempo se acaba.
     Creyentes o no, en ese instante último, queremos una mano amiga a la que aferrarnos.
     Quiero llegar a mi muerte con muchas preguntas por responder y pocas muertes que lamentar.


Fabio López
En 100 palabras

viernes, 16 de noviembre de 2012

De: http://www.voltairenet.org/es


Noam Chomsky

 

 

Pensador, escritor y activista estadounidense. Profesor de Lingüística en la Universidad de Massachussets. Fundador de la Gramática Generativa Transformacional, que es un sistema original para abordar el análisis lingüístico y que ha revolucionado la lingüística. Autor de La segunda guerra fría (1984), La quinta libertad (1988), El miedo a la democracia (1992), El Nuevo orden mundial (y el viejo) (1996),
 



 Reescribir la historia

El principio fundamental es que "nosotros somos los buenos" -por "nosotros" se entiende el Estado al que servimos-, y lo que "nosotros" hacemos siempre va dedicado a la consecución de los más nobles objetivos, aunque en la práctica puedan producirse algunos errores.
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Aguilera Silva Gerardo
Como ejemplo típico, según la versión retrospectiva entre los liberales ultra izquierdistas, la correcta interpretación de la Guerra de Vietnam es la de que se inició con alguna metedura de pata pero intentando hacer el bien pero que, a partir de 1969 se convirtió en un "desastre" (Anthony Lewis) en 1969 cuando el mundo empresarial se volvió contra la guerra por su altísimo coste y cuando el 70 por ciento de la población la consideraba "fundamentalmente equivocada e inmoral", en ningún caso un "error"; también en 1969, siete años después de que Kennedy comenzara los ataques a Vietnam del Sur, y dos años más tarde de que el especialista en Vietnam más respetado, e historiador militar, Bernard Fall advirtiera de que " Vietnam como entidad cultural e histórica... está amenazada de extinción... (mientras) ... sus campos literalmente quedan arrasados por los ataques de la mayor maquinaria de guerra jamás empleada contra una región tan pequeña"; 1969, fue el momento de alguno de los más horrendos ataques del terrorismo de Estado y de uno de los mayores crímenes del pasado siglo XX, entre los cuales los realizadas por las lanchas rápidas en la zona más al sur, ya devastada por los bombardeos masivos, por la guerra química y por las masacres de la población civil, fueron las menores de las operaciones realizadas.
Pero la reescritura de la Historia prevalece. Durante la campaña electoral de 2004, se analizaron en sesudos coloquios las razones de "la obsesión estadounidense con Vietnam", mientras que Vietnam no fue mencionado en ningún momento, es decir el Vietnam real que no responde a la reconstruida imagen de la Historia.
Los principios fundamentales tienen sus corolarios. El primero de ellos es que los estados satélites son esencialmente buenos, aunque menos buenos que "nosotros", y siempre que se adapten a las exigencias estadounidenses son "saludablemente pragmáticos". El segundo es el de que los enemigos son muy malos; la intensidad de su maldad depende de lo violentamente que "nosotros" les estemos atacando o planeando atacarles. Su consideración puede cambiar rápidamente conforme a las directrices establecidas.
Así la actual Administración y sus inmediatos mentores fueron muy favorables a Saddam Husein y le ayudaron cuando se dedicó a gasear a los kurdos, a torturar a los disidentes y a aplastar la rebelión chií que pudo haberle derrocado en 1991, gracias a su contribución a la "estabilidad"- una palabra clave para "nuestra" dominación- y su utilidad para los exportadores estadounidenses, como se ha admitido francamente. Pero los mismos crímenes se convirtieron en pruebas de su espeluznante perversidad cuando se presentó el momento oportuno para "nosotros", que levantamos orgullosos la bandera del Bien para invadir Irak y establecer lo que se denominará "democracia" si obedece las órdenes y contribuye a la "estabilidad".
Los principios son simples, y fáciles de recordar para quienes aspiran a hacer carrera en ambientes respetables. La notable consistencia de su aplicación está documentada ampliamente. Es algo que se espera que ocurra en los estados totalitarios y en las dictaduras militares, pero resulta un fenómeno mucho más instructivo en las sociedades libres, donde uno no puede alegar seriamente el miedo al exterminio. La muerte de Arafat ha dado lugar a uno más de esos casos dignos de estudio entre los muchos posibles. Me voy a ceñir al The New York Times (NYT)- el periódico más importante del mundo- y al The Boston Globe- quizás, más que ningún otro, el diario local de las cultivadas elites liberales.
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Boggio Emilio
En el NYT, el artículo de opinión de primera página del 12 de noviembre comienza por describir a Arafat como "el símbolo de la esperanza de los palestinos en un Estado independiente viable y al mismo tiempo el obstáculo fundamental para conseguirlo". Y continua explicando que jamás alcanzó la altura del Presidente egipcio Anwar Sadat ; Sadat "que consiguió la devolución del Sinaí por medio de un tratado de paz con Israel" porque fue capaz de tender la mano a los israelíes y enfrentarse a sus miedos y a sus esperanzas" (cita del día 13 de noviembre de Shlomo Avineri, filósofo israelí y funcionario del gobierno anterior).
Se puede creer en los muchos y graves obstáculos para la creación de un Estado palestino, pero quedan excluidos los principios imperantes, como ocurrió con Sadat realmente, lo que Avineri como mínimo conoce con seguridad. Recordemos algo de lo ocurrido.
Desde que la cuestión de los derechos nacionales palestinos a tener un Estado propio se incorporó a la agenda diplomática a mediados de los 70 "el primer obstáculo para su realización", sin ninguna duda, ha sido el gobierno de Estados Unidos, con el NYT como aspirante cualificado al segundo puesto. Desde enero de 1976 quedó claramente de manifiesto cuando Siria presentó una Resolución al Consejo de Seguridad de la ONU exigiendo un acuerdo para el establecimiento de dos Estados.
La Resolución incorporaba la redacción crucial de la resolución 242- un documento básico en el que todos estaban de acuerdo. En ella se reconocían a Israel los mismos derechos que a cualquier otro estado en el sistema internacional, en la vecindad de un Estado palestino en los territorios ocupados por Israel en 1967. Pues bien, Estados Unidos vetó la Resolución que había sido apoyada por los principales estados árabes. La organización para la Liberación de Palestina (OLP) de Arafat condenó la "tiranía del veto" y se produjeron algunas abstenciones por cuestión de tecnicismos.
Entonces, la solución de dos estados en los términos previstos había suscitado un muy amplio consenso internacional, bloqueado únicamente por Estados Unidos (y rechazado por Israel). Así que el asunto siguió adelante, no sólo en el Consejo de Seguridad sino también en la Asamblea General, donde se han aprobado periódicamente resoluciones similares con una votación favorable de 150 contra 2 (con Estados Unidos captando a veces a algún estado clientelar) y bloqueando, asimismo, iniciativas similares de Europa y de los Estados Árabes.
Mientras tanto, el NYT rechazó - es la palabra exacta- publicar el hecho de que durante los años 80 Arafat pidió repetidamente entablar negociaciones a las que Israel se negó de plano. Los principales medios de información israelíes llevaron a sus titulares las solicitudes de Arafat de negociaciones directas con Israel, rechazadas por Simon Peres con el argumento doctrinal de que la OLP de Arafat no "podía ser interlocutor en las negociaciones".
Y poco después el corresponsal del NYT en Jerusalén, y ganador del premio Pulitzer, Thomas Friedman- que podía leer la prensa en hebreo-, escribía artículos lamentando la angustia de los grupos a favor de la paz por "la ausencia de un interlocutor válido para las negociaciones", mientras Peres deploraba la falta de un "movimiento a favor de la paz entre el pueblo árabe (semejante) al que existe entre el pueblo judío" y explicando una vez más que no se podía admitir a la OLP en las negociaciones "mientras fuera una organización terrorista y rehusara negociar".
Todo ello, poco después de que Arafat de nuevo propusiera negociar, propuesta de la que el NYT se ha venido negando a informar, casi tres años después de que el gobierno israelí rechazara las propuestas de negociación formuladas por Arafat que habrían de conducir al reconocimiento mutuo. Peres, a pesar de ello, es reconocido como un "pragmático positivo", gracias a las directrices establecidas. Los asuntos cambiaron algo en los 90, cuando la administración de Clinton declaró que todas las resoluciones de Naciones Unidas habían quedado "obsoletas y anacrónicas" y puso en marcha su propia manera de rechazarlas.
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Baltasar Lobo, Mujer con cabeza de Muerto
Estados Unidos se ha quedado aislado en el bloqueo de un arreglo diplomático. Un reciente e importante ejemplo ha sido la presentación de los Acuerdos de Ginebra en diciembre de 2002, apoyados por el habitual y extenso consenso internacional, con las excepciones asimismo habituales: "Estados Unidos de forma llamativa no figuraba entre los gobiernos que enviaron mensajes de apoyo", informaba el NYT en un despectivo artículo del 2 de diciembre de 2002.
Esta es sólo un pequeña muestra de los archivos diplomáticos que tan consistentes y tan dramáticamente incuestionables que resultan imposibles de ignorar, salvo que uno se mantenga inflexiblemente al lado de los que escriben la Historia.
Vayamos al segundo ejemplo: el de Sadat tendiendo la mano a los israelíes y con ello la devolución del Sinaí en 1979, una lección para el malvado Arafat. Volviendo a una historia inaceptable, en febrero de 1971 Sadat propuso un tratado total de paz a Israel, de acuerdo con la entonces política oficial de Estados Unidos- y más específicamente, la retirada israelí del Sinaí- sin la más mínimo alusión a los derechos de los palestinos. Jordania fue el siguiente con una propuesta similar.
Israel reconoció que podía haber obtenido una paz total, pero el gobierno laborista de Golda Meier prefirió rechazar la oferta y dedicarse a continuar la expansión, en aquellos momentos hacia el nordeste del Sinai, donde Israel expulsaba a miles de beduinos hacia el desierto y destruía sus pueblos, mezquitas, cementerios y viviendas para establecer en su lugar la ciudad étnicamente judía de Yamit.
La cuestión crucial, como siempre, fue la de cómo iba a reaccionar Estados Unidos, donde Kisssinger consiguió que prevaleciera su opinión en el debate interno, y Estados Unidos asumió su política de continuar en "punto muerto": nada de negociaciones, y recurrir sólo a la fuerza. Estados Unidos continuó rechazando- para ser exactos, ignorando- los intentos de Sadat para que siguiera el proceso diplomático, y apoyando el rechazo y expansionismo de Israel.
Aquella posición desembocó en la guerra de 1973, que supuso una llamada de atención para Israel y para el resto del mundo; Estados Unidos incluso puso en marcha la alerta nuclear. Entonces, el mismo Kissinger comprendió que Egipto no podía tratarse como un caso perdido, y comenzó con sus viajes diplomáticos que condujeron a las reuniones de Camp David en las que Estados Unidos e Israel aceptaron las propuestas de Sadat de 1971- pero en ese momento desde el punto de vista israelí-estadounidense, con unas condiciones más duras. Para entonces, se había producido el consenso internacional en el reconocimiento de los derechos nacionales palestinos y, en consecuencia, Sadat planteó la necesidad de un Estado palestino, lo que para EE.UU. e Israel era anatema.
Para la historia oficial rescrita por los vencedores, y repetida por los artículos de opinión de los medios informativos, aquellos acontecimientos constituyeron un "triunfo diplomático" para Estados Unidos y la prueba de que si los árabes se unieran a nuestras propuesta de paz y de negociación diplomática podrían conseguir sus objetivos. En la historia real, el triunfo fue una catástrofe, y los acontecimientos demostraron que Estados Unido sólo quería la violencia. El rechazo estadounidense a la solución diplomática condujo a una guerra muy peligrosa y a muchos años de sufrimiento y de amargas consecuencias hasta el día de hoy.
En sus memorias, el general Shlomo Gazit, comandante militar de los territorios ocupados desde 1967 a 1974, menciona que, al rechazar el tomar en consideración las propuestas presentadas por el ejército y el servicio de inteligencia relativas algún tipo de autonomía en los territorios e incluso la aceptación de alguna actividad política limitada, y la insistencia de "cambios sustanciales de fronteras", el gobierno laborista apoyado por Washington contrajo una importante responsabilidad en el posterior desarrollo del fanático grupo de colonos Gush Emumin y de la resistencia palestina que se desarrolló muchos años después en la primera Intifada, tras años de brutalidad y terrorismo de Estado, y el continuado expolio de las tierras más fértiles y de los recursos palestinos.
La interminable necrológica de la experta en Oriente Próximo del Times, Judith Miller (11 de noviembre) se desarrolla en el mismo tono que el artículo de opinión de la primera página. Según su versión, "Hasta 1988, Arafat en repetidas ocasiones rechazó el reconocimiento de Israel, y persistió en la lucha armada y el terrorismo. Sólo se decidió por la vía diplomática después de haberse puesto al lado del Presidente iraquí, Saddam Hussein, durante la guerra del Golfo Pérsico de 1991". Miller expone una visión exacta de la historia oficial. En la historia real, Arafat propuso en repetidas ocasiones negociar el reconocimiento mutuo, mientras Israel- en particular sus "pragmáticas" palomas- lo rechazaron de plano, con el respaldo de Estados Unidos.
En 1989 el gobierno de coalición israelí (Shamir-Peres), estableció un plan de consenso político, en el que su primer punto fue el de que no habría "un nuevo Estado palestino" entre Jordania e Israel" ya que "Jordania ya era un Estado palestino". El segundo, que el destino de los territorios ocupados "se ajustaría a las líneas programáticas del gobierno (israelí)". Estados Unidos aceptó los planes israelíes sin retoque alguno y los convirtió en el "Plan Baker" de diciembre de 1989.
Contrariamente a lo que afirman Miller y la historia oficial, fue a partir de la Guerra del Golfo cuando Washington estuvo dispuesto a considerar las negociaciones, y a reconocer que entonces se encontraba en situación de imponer de forma unilateral su propia solución. Estados Unidos convocó la Conferencia de Madrid (con la participación rusa como figurante, en la que en efecto se llegó a negociaciones con una delegación palestina legítima, presidida por Haidar Abdul-Shafi, un nacionalista íntegro, probablemente el líder más respetado en los territorios ocupados.
Pero las negociaciones quedaron bloqueadas porque Abdul Shafi rechazó la insistencia israelí- respaldada por Washington- en seguir manteniendo las zonas más valiosas de los territorios con sus programas de colonias y de infraestructuras- todas ellas ilegales, tal como la propia Administración de Justicia de Estados Unidos reconocía, la única que ha disentido de la reciente sentencia del Tribunal Internacional por la que se condena el Muro israelí que divide Cisjordania. Los "palestinos de Túnez", dirigidos por Arafat, desautorizaron a los negociadores palestinos y llevaron a cabo las suyas propias, los "Acuerdos de Oslo", celebrados con gran boato en el césped de la Casa Blanca en septiembre de 1993.
Pronto se puso de manifiesto que se trataba de un éxito cara al público. El único documento- La Declaración de Principios- establecía que el resultado final habría de basarse exclusivamente en la Resolución 242 de la ONU de 1967, con exclusión de los asuntos fundamentales para la diplomacia desde mediados de los 70: los derechos nacionales palestinos y el establecimiento de dos estados. En efecto la Resolución 242 define el resultado final pero no recoge los derechos de los palestinos al excluir otras Resoluciones que sí reconocen esos derechos al mismo tiempo que los de los israelíes, de acuerdo con el consenso internacional establecido a mediados de los 70 y que ha venido siendo bloqueado por Estados Unidos.
La redacción de los acuerdos dejaba bien claro que se trataba de continuar con los programas de asentamientos, tal como los líderes israelíes (Yitzhaq Rabin y Shimon Peres) no tuvieron empacho en ocultar. Por esas razones Abdul Shafi se negó incluso a estar presente en los actos protocolarios. El papel reservado a Arafat era el de hacer de policía de los territorios, como Rabin dejó bien claro. Mientras desempeñó bien el cometido, se le consideró un "pragmático", con el visto bueno de Estados Unidos e Israel que no dieron importancia a la corrupción, la violencia y la represión. Sólo cuando no le fue posible mantener controlada a la población- debido a la anexión israelí de más tierras y recursos- se convirtió en un hipócrita redomado, que obstruía el camino hacia la paz: es decir, se producía la transición normal.
Las cosas siguieron así durante los 90. Los objetivos de las "palomas" israelíes se expusieron en 1998, en un trabajo académico de Shlomo Benami quien pronto se convirtió en el negociador principal de Barak en Camp Davis: el "proceso de paz de Oslo" fue para establecer "una dependencia colonial permanente" en los territorios ocupados, con algún tipo de autonomía local. Mientras tanto, las colonias israelíes y la anexión de territorios continuó ininterrumpidamente con el apoyo total de Estados Unidos, hasta alcanzar el clímax el último año del primer mandato de Clinton ( y del de Barak), impidiendo de esta forma un arreglo diplomático.
Pero volviendo a Miller, ella mantiene la versión oficial de que en "noviembre de 1988, tras considerables esfuerzos de Estados Unidos, la OLP aceptó la Resolución de Naciones Unidas que pedía el reconocimiento de Israel y la renuncia al terrorismo". Sin embargo los hechos reales fueron que en noviembre de 1988, Washington se convirtió en objeto de la irrisión internacional por su rechazo a "advertir" que Arafat estaba pidiendo una compromiso diplomático.
En ese contexto, la administración de Reagan aceptó a regañadientes admitir la verdad evidente e indiscutible, y tuvo que recurrir a otras formas de cortocircuitar los esfuerzos diplomáticos, así que inició unas negociaciones de bajo nivel con la OLP, aunque el primer ministro Rabin aseguró en 1989 a los dirigentes de Peace Now que no tenían sentido alguno y sólo eran un intento de ganar tiempo para que Israel "presionara más duramente en el plano militar y económico" de forma que "al final, ellos acabaran destrozados" y aceptaran las condiciones de Israel.
Miller cuenta la historia en el mismo sentido y la lleva al desenlace tópico: en Camp David, Arafat "rechazó" el magnánimo ofrecimiento de paz de Clinton y Barak, e incluso más tarde rehusó unirse a Barak en aceptar las "medidas" de Clinton en diciembre de 2000, probando con ello de forma concluyente que persistía en la violencia, una verdad deprimente que los pacíficos gobiernos de Israel y Estados Unidos tenían que aceptar.
Pero volviendo a la historia real, las propuestas de Camp David dividían Cisjordania, en la práctica, en una serie de cantones separados entre sí, por lo que no podían ser aceptadas por ningún dirigente palestino. Es algo evidente con sólo echar una ojeada a los mapas que son accesibles fácilmente, salvo para el New York Times , ni aparentemente, para ninguno de los principales medios de información estadounidenses, quizás por esa razón. Tras el fracaso de aquellas negociaciones, Clinton reconoció que las reservas de Arafat estaban justificadas, tal como quedó demostrado con los famosos "parámetros" de Clinton que, aunque vagos, iban mucho más allá como posible acuerdo- con lo que socavaba la historia oficial, pero sólo en su aspecto lógico, y por ello inaceptable históricamente.
Clinton dio su propia versión de las reacciones a sus "propuestas" en una charla ante el Israeli Policy Forum el 7 de enero de 2002: "El Primer Ministro Barak y el Presidente Arafat han aceptado ahora estos parámetros como base para futuras negociaciones. Ambos han expresado, no obstante, algunas reservas".
Se puede acceder a esta información en fuentes tan "oscuras" como la prestigiosa revista del MIT, International Security (otoño 2003), así como en las conclusiones de que "la versión palestina de las conversaciones de paz de los años 2000-01 es significativamente más exacta que la de Israel", es decir la de Estados Unidos y el New York Times.
Con posterioridad, negociadores palestinos de alto nivel aceptaron tomar como punto de partida los "parámetros" de Clinton "para futuras negociaciones" y presentaron sus "reservas" en las reuniones de Taba en enero, que condujeron casi un acuerdo provisional, al aceptar algunas de las preocupaciones palestinas, que contradecían la historia oficial. Persistían ciertos problemas, pero las negociaciones de Taba fueron mucho más allá en el camino hacia la consecución de un posible acuerdo que cualesquiera de las precedentes.
Las negociaciones fueron interrumpidas por Barak así que no podemos saber cual hubiera sido el resultado final. El detallado informe del representante de la Unión Europea, Miguel Ángel Moratinos ha sido aceptado por ambas partes como fiel reflejo de lo ocurrido, y ampliamente difundido en Israel. Pero dudo de que siquiera haya sido mencionado en los principales medios informativos de Estados Unidos.
La versión de lo sucedido que da Miller en el NYT se basa en el libro, muy alabado, del enviado y negociador de Clinton a Oriente Próximo, Dennis Ross. Como cualquier periodista debería ser consciente, ninguna fuente resulta sospechosa sólo por su procedencia. Pero incluso una lectura superficial sería suficiente para demostrar que la versión de Ross resulta poco creíble. Sus 800 páginas se dedican en su mayoría a adular a Clinton ( y sus propios trabajos como negociador), basándose en afirmaciones no verificables; en su lugar, "cita" lo que asegura haber escuchado que dijeron los participantes, a los que identifica por su nombre de pila si se trata de los "tipos buenos".
Apenas hay una sóla palabra acerca de lo que todos sabemos que han sido los asuntos cruciales desde 1971: los planes de asentamientos y el desarrollo de las infraestructuras en los territorios ocupados, que dependían del apoyo económico, militar y diplomático de Estados que Clinton había incluido claramente. Ross trata el problema de Taba de forma sencilla: termina el libro inmediatamente antes de que empezaran las conversaciones (lo que le permite omitir las evaluación de Clinton, citada unos días más tarde). De esta manera, evita que sus conclusiones fundamentales quedaran refutadas de forma instantánea.
En el libro de Ross, a Abdul-Shafi se le menciona de pasada una sóla vez. Naturalmente, la visión de su amigo Shlomo Benami sobre el Proceso de Oslo se omite también, de la misma manera que todos los elementos significativos de los acuerdos provisionales de Camp David. No existe alusión alguna al rechazo de pleno de sus héroes, Rabin y Peres- a quienes cita como "Yitzhak" y "Shimon"- de tomar en consideración siquiera un eventual Estado palestino. En efecto, la primera mención de esa posibilidad aparece en Israel con el gobierno del "tipo malo", el ultraderechista Benjamin Netanyahu. Su ministro de información, preguntado sobre la posibilidad de un Estado palestino, respondió que los palestinos podían denominar a los cantones que se les iba a dejar "un Estado" si así lo deseaban, o "un pollo frito".
Eso es sólo el comienzo. Las opiniones de Ross son tan deficientes en fuentes independientes y tan radicalmente selectivas que todo lo que afirma debe tomarse con grandes reservas, desde los detalles concretos que meticulosamente reproduce literalmente (quizás recogidos en una grabadora oculta) hasta las conclusiones de carácter general que se presentan como autorizadas pero sin aportar evidencias fiables. Resulta interesante que se haya señalado que sus opiniones se presentan como una versión exacta de los hechos. En general, el libro tiene poco valor, excepto por el hecho de dar las impresiones de uno de los protagonistas. Cuesta trabajo creer que cualquier periodista no haya sido consciente de ello.
No menos despreciable, no obstante, es la evidencia principal de la que no se informa. Por ejemplo: los análisis de los servicios de inteligencia israelíes durante aquellos años: entre otros los de Amon Malka, su director; del general Ami Ayalon, que dirigía los Servicios de Seguridad (Shin Bet); de Matti Steinberg, consejero especial para asuntos palestinos del jefe del Shin Bet y del coronel Ephraim Lavie, funcionario responsable de la división de información sobre los asuntos de Palestina. El consenso, según Malka, era que "Arafat se inclina hacia el proceso diplomático, y que hará todo cuanto pueda por conseguirlo y que sólo si se llega a un callejón sin salida recurrirá a la violencia. Pero que la violencia está encaminada a llevarle a ese callejón sin salida, para conseguir una presión internacional que propicie dar el paso siguiente".
Malka denuncia que esos informes de alto nivel fueron falsificados tal como se transmitieron a los dirigentes políticos y otras instancias. Los reporteros estadounidenses pueden acceder con facilidad a ellos a través de fuentes en inglés.
No tiene sentido continuar con las versiones de Miller o de Ross, por lo que vayamos al Boston Globe, en el otro extremo liberal. Sus editores (el 12 de noviembre) se adhieren a los principios básicos del NYT (lo que probablemente fue un fenómeno universal: sería interesante buscar excepciones). Los editores reconocen que el fracaso en la consecución de un Estado palestino "no puede atribuirse sólo a Arafat. Los líderes israelíes...tuvieron también su responsabilidad". Pero el papel decisivo desempeñado por Estados Unidos es inmencionable e impensable.
El Globe también publicó un artículo de fondo en primera página el 11 de noviembre. En su primer párrafo, se nos dice que Arafat fue "uno de los líderes carismáticos y autoritarios - del grupo que incluye desde Mao Zedong en China a Fidel Castro en Cuba y Saddam Hussein en Irak- que surgieron de los movimientos anti-coloniales que se extendieron por el mundo a partir de la Segunda Guerra Mundial.
Esta afirmación resulta interesante desde diversos puntos de vista. El enlace entre unos y otros revela el inevitable odio visceral hacia Castro. Se han sucedido diversos pretextos según cambiaban las circunstancias pero la información no ha variado para poner en duda las conclusiones de los servicios de inteligencia estadounidenses sobre los primeros momentos del ataque terrorista de Washington y de la guerra económica contra Cuba: el problema de fondo estriba en su "desafío triunfante" de las políticas estadounidenses que se remontan a la Doctrina Monroe.
No obstante, hay algo cierto en el retrato de Arafat que presenta el artículo del Globe, como lo hubiera sido si en primera página se hubiera publicado un artículo de fondo sobre los funerales imperiales del semi-divino Reagan, en el que se le describiera como uno de los iconos del grupo de asesinos de masas- que incluiría desde Hitler a Idi Amin y Peres-quienes llevaron a cabo sus carnicerías con enorme apoyo de los medios de información y de los intelectuales. Quienes no comprendan la analogía tienen mucho que aprender de la historia.
Pero sigamos, en el informe del Globe se hace recuento de los crímenes de Arafat, y se nos dice que consiguió controlar el sur del Líbano que "utilizó para lanzar una serie de ataques contra Israel que tuvo que responder con la invasión de Líbano (en junio de 1982). El objetivo declarado de Israel era el de expulsar a los palestinos de la frontera de la zona pero, bajo las órdenes del entonces general y ministro de defensa, Sharon, sus fuerzas avanzaron hasta Beirut, donde Sharon permitió a sus aliados, las milicias cristianas, perpetrar la terrible masacre de palestinos en los campos de refugiados de Sabra y Chatila y mandar a Arafat y a los dirigentes palestinos al exilio en Túnez".
Volviendo a la historia inaceptable, el año anterior a la invasión israelí la OLP se sumó a una iniciativa de paz de Estados Unidos mientras Israel llevaba a cabo ataques mortíferos en el sur del Líbano, en un intento de provocar una reacción palestina que pudiera utilizar como pretexto para la invasión ya planificada. Cuando la reacción no se produjo, se inventaron el pretexto y llevaron a efecto la invasión, matando probablemente a 20.000palestinosy libaneses, gracias a los vetos de Estados Unidos alas Resoluciones del Consejo de Seguridad en las que se exigía el cese el fuego y la retirada de los territorios invadidos.
La masacre de Sabra y Chatila fue, al fin y al cabo, una simple nota a pie de página. El objetivo fundamental, tal como ha quedado demostrado en los más altos niveles políticos y militares, y por los investigadores y analistas israelíes, fue el de terminar con las irritantes e incesantes iniciativas de Arafat para conseguir un acuerdo diplomático y asegurarse así el control de Israel sobre los territorios ocupados.
Tergiversaciones parecidas de hechos bien documentados han aparecido en los comentarios sobre la muerte de Arafat, y han sido tan convencionales durante muchos años en los medios de información estadounidenses que difícilmente se puede culpar a los periodistas por repetirlos, aunque una mínima investigación sería suficiente para conocer la verdad.
También resultan instructivos algunos comentarios menores, por ejemplo en el artículo de opinión del Times se nos dice que probablemente los sucesores de Arafat- los "moderados" preferidos de Washington- va a tener problemas ya que carecen de "credibilidad en la calle". Frase convencional utilizada para mencionar a la opinión pública en el Mundo Árabe, como cuando se nos informa sobre las "calles árabes". Si un personaje político occidental tiene escaso apoyo público no decimos que carece de "credibilidad en la calle", y no existen alusiones a las "calles" estadounidenses o británicas, La frase se reserva irreflexivamente para las instancias inferiores, porque no forman parte de la ciudadanía sino criaturas que viven en las "calles".
Podemos añadir, además, que el líder más popular en las "calles palestinas", Marwan Barguti, ha sido puesto fuera de la escena (está a buen recaudo) por Israel de forma permanente. Y que Bush ha demostrado su pasión por la democracia al unirse a su amigo Sharon- "un hombre pacífico"- al mantener prácticamente prisionero al único líder electo del Mundo Árabe, mientras apoyaba a Mahmud Abbas, quien como Estados Unidos confiesa no goza de "credibilidad en las calles". Todo esto debería servirnos para entender lo que la prensa liberal denomina la "visión mesiánica" de Bush para llevar la democracia al Oriente Próximo, pero sólo si los hechos y la lógica importaran.
El New York Times ha publicado otro artículo de opinión sobre la muerte de Arafat del historiador Benny Morris. El trabajo merece un análisis detenido pero eso lo haré aparte, y aquí sólo me fijaré en el primer comentario que marca el tono general del artículo: Arafat es un embaucador, afirma Morris, que hablaba de paz y de dar fin a la ocupación pero en realidad lo que quería es "redimir a Palestina", lo que demuestra su irremediable naturaleza salvaje.
Con ello, Morris revela su desprecio no sólo hacia los árabes (que es muy profundo) sino hacia los lectores del NYT. En apariencia no se da cuenta de que está tomando prestada la terrible frase de la ideología sionista, ya que su principio fundamental durante un siglo ha sido el de "redimir la Tierra", un concepto que subyace a lo que Morris reconoce que es el concepto central que inspira el sionismo: la "transferencia" de la población nativa, es decir, la expulsión para "redimir la Tierra" y entregarla a sus legítimos propietarios. Parece que no es necesario sacar las conclusiones.
A Morris se le identifica como un historiador israelí, autor del reciente libro The Birth of the Palestinian Refugee Problem Revisited. Es cierto, él ha realizado las investigaciones más exhaustivas en los archivos israelíes, y ha demostrado en detalle las salvajadas cometidas en 1948-49 para conseguir la "transferencia" de la gran mayoría de la población desde lo que convertiría en el Estado de Israel, incluida la zona que Naciones Unidas estableció para el Estado palestino que Israel se repartió con su aliado jordano al 50 %.
Morris critica las atrocidades y la "limpieza étnica" - para ser más exactos en la traducción, "purificación étnica"-: es decir, que no fue suficiente. Morris piensa que el gran error de Ben Gurion, probablemente la "fatal equivocación", fue la de no "limpiar la totalidad del país": la totalidad de la Tierra de Israel, hasta el río Jordán".
En favor de Israel, hay que reconocer que su postura en este asunto ha sido ampliamente condenada entre los israelíes. Pero en Estados Unidos, ha sido elegido como el más apropiado para el comentario principal sobre su denostado enemigo.